Ateliers de interiorismo, cafeterías de especialidad y estudios de arquitectura que necesitan textiles coherentes con un ambiente puntual. En estos casos la conversación empieza por las medidas del mueble o de la pared y sigue con una muestra de tela real, porque el mismo tono de hilo cambia según cómo entre la luz en cada lugar. La cotización se arma con tres datos concretos: tamaño, cantidad de colores y plazo.
Espacios que venden objetos de autor y prefieren series cortas antes que stock repetido. Trabajamos sobre lino crudo y algodón, con punto cadena, nudo francés y puntada lineal, y cada diseño parte de un boceto en papel que después se traslada a la tela con papel de transferencia. Si una pieza se repite, se repite el dibujo, no la mano: por eso conviene acordar de antemano cuántas unidades y con qué margen de variación.
Encargos para un solo ambiente, un regalo o un objeto que acompaña un mueble heredado. Acá el trabajo se define distinto: primero el boceto, después la prueba de color sobre una muestra, y recién entonces la costura. No hay catálogo cerrado que resolver, así que el resultado depende de las decisiones que se tomen juntos al principio.
Queen Melusine es un taller de bordado contemporáneo y objetos textiles para el hogar, con base en Buenos Aires y envíos a todo el país. Trabajamos sobre lino crudo y algodón, con una paleta de lino natural, verde oliva y mostaza suave, y con la costura a mano como forma de producción, no como detalle agregado.
Cómo se arma cada pieza
El recorrido es siempre el mismo y define el carácter del taller: un dibujo se traza primero en papel, se corrige hasta que la proporción cierra y recién entonces se traslada a la tela con papel de transferencia. Sobre esa guía se cose con punto cadena, nudo francés y puntada lineal, según lo que pida cada superficie.
Queen Melusine es un taller de bordado contemporáneo y objetos textiles para el hogar, con base en Buenos Aires y envíos a todo el país. Trabajamos sobre lino crudo y algodón, con una paleta que se apoya en el verde oliva y la mostaza suave, y con la idea de que una pieza bordada a mano acompañe la casa durante años.
Nos interesa el bordado como oficio lento y no como adorno apurado. Cada diseño empieza con un boceto dibujado en papel, se traslada a la tela con papel de transferencia y recién entonces se cose. Ese recorrido —dibujo, transferencia, puntada— ordena todo lo que sale del taller, desde un individual de mesa hasta un cuadro tensado en bastidor. No hay atajos: si el boceto no está resuelto, la aguja lo nota.
Tres puntadas atraviesan el catálogo: punto cadena, nudo francés y puntada lineal. Elegimos lino crudo y algodón porque su trama abierta deja ver el paso del hilo y envejece con dignidad. La paleta no busca llamar la atención sino integrarse a una mesa o a un sillón que ya existe. Y las etiquetas se cosen a mano, una por una, porque nos parece que el detalle final también es parte del trabajo.
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