Si estás pensando en encargar un textil bordado a mano o en sumarte a un taller, conviene saber de antemano qué decisiones se toman, en qué orden y quién las toma. Acá no hay pasos ocultos: el boceto se dibuja en papel, se traslada a la tela con papel de transferencia y recién entonces entra la aguja. Todo lo que se conversa por correo queda escrito, y cada etapa se documenta con una foto del avance para que puedas ver en qué punto está tu pieza.
El criterio es simple: transparencia antes que promesa. No publicamos plazos de entrega ni disponibilidad de stock porque no dependen de nosotros solos, sino del tamaño del encargo, de la cantidad de colores de hilo y del momento en que se confirma el boceto. Cuando esos tres datos están claros, la cotización se arma sobre ellos y no sobre estimaciones vagas.
El dibujo se resuelve primero en papel, con lápiz y correcciones a mano. Una vez aprobado, se pasa a la tela de lino crudo o algodón con papel de transferencia, cuidando que la trama quede alineada con las líneas principales del motivo.
Los colores no se eligen sobre una carta impresa. Se prueban directamente sobre un retazo de la misma tela, porque el lino crudo y el algodón absorben la luz de manera distinta y un mismo tono cambia según dónde quede la pieza.
Punto cadena para las líneas continuas, nudo francés para los centros y los relieves, puntada lineal para los bordes y las costuras funcionales. Cada elección se registra junto al patrón, así una pieza repetida conserva el mismo criterio de costura.
Antes de embalar se controlan tensión del hilo, simetría del dibujo, remates del revés y planchado. Si algo no coincide con el boceto aprobado, se corrige y se avisa por escrito qué se ajustó, sin dar por cerrado un trabajo a medias.
Las piezas listas del catálogo se despachan el mismo día en que se confirman. Los pedidos personalizados siguen otro camino, porque dependen de la conversación previa sobre tamaño, paleta y plazos. Si querés retomar una consulta o preguntar por el estado de un encargo, escribinos a support@queenmelusine.com o llamanos al +54 11 4988-9886.
Si tenés en mente un mantel individual, una funda de almohadón o un cuadro con bastidor, alcanza con contarnos el tamaño aproximado, los colores que te gustaría ver sobre el lino y para cuándo lo necesitás. Con esos tres datos armamos un boceto y te pasamos la cotización antes de coser la primera puntada. No hay valores fijos: cada encargo se piensa según su escala y su paleta.
Si todavía no sabés por dónde empezar, también podés escribirnos por un kit de iniciación o por la versión grabada del taller y avanzar a tu ritmo desde casa.
O mirá cómo trabajamos en el taller y volvé cuando tengas las medidas a mano.
Antes de hablar de medidas o colores, conviene mirar de cerca cómo trabaja el taller. Estas tres imágenes resumen lo que aparece en cada encargo: la trama del lino crudo, el relieve de los nudos y el paso intermedio donde el boceto en papel todavía se está trasladando a la tela. No son piezas de catálogo cerradas, sino el tipo de detalle que se define junto a quien hace el pedido.
El punto cadena permite dibujar una curva larga sin cortar el hilo, así que en una pieza de mesa se aprovecha para recorrer el borde completo de una sola pasada. Sobre lino crudo, esa línea se lee desde lejos y deja que la vajilla siga siendo la protagonista. Es el tipo de decisión que se toma cuando alguien pide un individual para una mesa larga y quiere que el bordado ordene la superficie sin llenarla.
El nudo francés se cose enroscando el hilo sobre la aguja y volviendo al mismo punto. En una funda de almohadón los nudos se agrupan en racimos separados: así la superficie respira y no queda rígida al apoyarse. Si el pedido es para un sillón de lectura, esa distribución cambia por completo la sensación al tacto.
Todo encargo personalizado arranca con un dibujo en papel que se traslada a la tela con papel de transferencia y se ajusta antes de la primera puntada. En un cuadro con bastidor, ese paso intermedio define la proporción del motivo respecto al marco. La tela queda tensada y se monta sin vidrio para que se aprecie el relieve del hilo.
Cuando alguien escribe para encargar una pieza, esas tres cosas son las que primero se conversan: qué trama pide el espacio, cómo se quiere el relieve y qué tan grande tiene que ser el dibujo. Con eso se arma la cotización junto al tamaño, la cantidad de colores y el plazo.
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